La ceremonia de premiación reunió a autores premiados y al equipo de Cultura en una edición que sumó categorías y destacó la diversidad de voces.
La Provincia de Salta celebró una nueva edición de su certamen literario con la participación del equipo de la Secretaría de Cultura y una amplia convocatoria que consolidó el crecimiento de las letras locales. En esta edición se evaluaron 97 trabajos aceptados según reglamento y el jurado destacó tanto la alta participación de escritores y escritoras de toda la provincia como el sólido nivel técnico alcanzado en las obras presentadas.
El acto de entrega contó con las palabras del secretario de Cultura, Diego Ashur, quien asumió con humor y compromiso el desafío propuesto por la autora María Herrera de leer un fragmento en el particular lenguaje de su obra Níac Tité. Entre trabalenguas y sonrisas, el funcionario puso en escena la complejidad y la riqueza del acto comunicativo. “La comunicación no es un proceso unilateral ni sencillo; debemos estar abiertos a otras formas de expresión y no creernos dueños de los cánones”, expresó, vinculando esa reflexión con el espíritu del concurso, al que definió como una celebración de las letras salteñas y parte de una política cultural sostenida en el tiempo.
Ashur remarcó que el certamen no es un hecho aislado, sino el resultado de un trabajo cotidiano articulado entre equipos de gobierno, profesionales del sector, la industria editorial, libreros, creadores y lectores. “El concurso es el momento en que se visibiliza un proceso que comienza con reuniones, debates y construcción colectiva para que la literatura sea un verdadero hecho social”, sostuvo.
Durante la ceremonia, Víctor Fernández Esteban agradeció al secretario y, en su nombre, a todo el equipo de Cultura de la Provincia por el esfuerzo sostenido que hace posible estos espacios de reconocimiento. También valoró la labor del jurado por la dedicación y la lectura atenta de las obras presentadas.
El Gran Premio de las Letras de Salta, distinción incorporada en esta convocatoria para reconocer trayectorias y aportes relevantes, fue otorgado a Segundo Renglón, de Víctor Manuel Fernández Esteban. El jurado valoró una narración que desarrolla su historia en capítulos construidos como si estuvieran enmascarados en otro idioma. Desde la sala de espera de un hospital, el protagonista acompaña a su madre internada y, durante una extensa noche de vigilia, se convierte en testigo de murmullos, voces que llegan desde un tragaluz y figuras que transitan una guardia compleja, en una estructura que combina saltos temporales y alternancia de voces con notable solidez hasta el desenlace. Recibieron menciones especiales Trilogía y Carta (de un espantapájaros), de Darío Alfredo Villalba, y El canto del río seco, de Mario Flores, quien no pudo asistir desde Tartagal pero fue especialmente reconocido por su trayectoria en el certamen.
En la categoría Poesía, el primer premio fue para Hábitat, de Salomé González Vega, una obra que explora lo existencial desde la vida cotidiana e invita a habitar el vacío y la incertidumbre. Sus imágenes intensas y su respiración poética, que alterna entre la calma y el desborde rítmico, proponen al lector un recorrido de alerta y reflexión. La mención especial fue para La lectura de las cenizas, de Mario Flores.
En Ensayo, el primer premio recayó en Las literaturas plebeyas en Salta a comienzos del siglo XXI, de Juan Manuel Díaz Pas, distinguida por su rigurosidad investigativa, claridad en el planteo del problema, alto nivel lingüístico y organización precisa del desarrollo argumental. El trabajo fue considerado un aporte significativo tanto para los estudios literarios como para el análisis sociológico de la producción cultural contemporánea. Obtuvieron menciones especiales Leandro Arce De Piero por Al ritmo de un teatro menor, Alejandro Morandini por Juan Carlos Dávalos, poética de un archivo mínimo y Gustavo Rubens Agüero por Laberinto urbano.
La categoría Literatura Infanto-Juvenil Oscar Montenegro premió a Níac Tité, de María Herrera, escritora de Metán. Inspirada en su hijo, un niño con autismo severo y no verbal, la autora construye una historia que, a través de la metáfora de un pequeño extraterrestre que llega a la Tierra con su “universo azul”, invita a comprender otras formas de comunicación y de habitar el mundo. Con palabras lúdicas y cuentos destinados al público infantil y juvenil, la obra muestra cómo el protagonista resuelve situaciones cotidianas a su manera, promoviendo el respeto por las capacidades diversas. El jurado destacó la solidez narrativa y el uso de paratextos sugerentes que enriquecen la experiencia de lectura. Las menciones especiales fueron para ¿Dónde?, de Luciana Lucero, y Bulandoluis, de María del Milagro Arias.
En esta edición también se incorporó el Premio Estímulo al Desarrollo de Proyectos Literarios, orientado a acompañar producciones emergentes mediante tutorías personalizadas. La distinción fue para Cacería, de Giuliana Servidio, un conjunto de cuentos de gran potencia técnica y emocional, con una narrativa audaz que se interna en territorios incómodos y expande los límites del goce literario. Asimismo, fue reconocido El quinto evangelio, de Martín Eduardo Lagoria, propuesta desafiante que, a través de escenas de fuerte impronta dialógica, construye exilios, memorias y fronteras que interpelan al lector sin erigirse como certezas cerradas.

