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/ 5 de junio de 2026

Lola Mora vuelve a escena en una obra que resignifica su legado desde el arte y la resistencia


La propuesta aborda la figura de la artista desde una mirada actual que entrelaza memoria, género, creación y libertad.

La figura de Lola Mora regresa al escenario a través de una obra que propone una lectura poética, política y profundamente sensible sobre la primera escultora argentina. Lejos de presentarla como una efeméride o una estatua inmóvil, la puesta la recupera como una presencia viva, capaz de dialogar con los desafíos que aún enfrentan las mujeres creadoras en ámbitos culturales, artísticos y sociales atravesados por prejuicios y resistencias.

La función se presentará el próximo 31 de julio a las 20 horas, invitando al público a reencontrarse con una de las figuras más trascendentes de la historia cultural argentina a través de una propuesta escénica que combina memoria, arte, reflexión y una mirada contemporánea sobre el legado de Lola Mora.

La propuesta no busca reconstruir una biografía lineal. En cambio, se construye a partir de fragmentos de memoria, cuerpos, silencios, rumores y miradas ajenas que permiten acercarse a una mujer adelantada a su tiempo. Lola Mora emerge como una artista que desafió al poder, cuestionó los cánones estéticos establecidos y enfrentó la moral conservadora de su época, pagando por ello el precio del desprestigio, la censura y el aislamiento.

En escena, las Nereidas se transforman en una poderosa metáfora del escándalo, de la belleza que incomoda y de la capacidad del arte para sobrevivir a los intentos de borramiento. La obra establece un diálogo permanente entre pasado y presente, demostrando que la historia de Lola Mora continúa resonando en los debates actuales sobre la legitimidad de las mujeres en el arte, la violencia simbólica, el silenciamiento y la reivindicación tardía de figuras que desafiaron las normas de su tiempo.

La dramaturgia se presenta como un ensayo poético donde conviven la palabra histórica, la emoción, la denuncia y la belleza. El recorrido escénico comienza con el murmullo social y las voces del juicio, avanza hacia la potencia del cuerpo creador y el deseo de hacer, atraviesa el escándalo provocado por la mirada ajena sobre el cuerpo femenino y se interna luego en el silencio impuesto y el exilio simbólico. Más adelante surge la palabra propia de Lola, vinculada no solo al arte sino también a la ciencia, la minería y el pensamiento, hasta desembocar en una reflexión final sobre su vigencia como antecedente de generaciones de mujeres que debieron resistir para poder crear.

La obra nace de una necesidad artística y política: devolverle a Lola Mora su condición de mujer pensante, creadora e incómoda. La intención no es rendir homenaje a un monumento, sino entablar un diálogo con una antecesora cuya experiencia continúa iluminando problemáticas contemporáneas.

Con una puesta austera y simbólica, el espectáculo prescinde del realismo para apostar por la evocación. El espacio escénico se transforma a partir del cuerpo, la luz y la voz; mientras que los objetos, el vestuario y la iluminación sugieren ideas asociadas al mármol, el agua, el tiempo y la memoria. El lenguaje escénico combina cuerpo como archivo histórico, palabra poética y ensayística, voz cantada, movimiento contemporáneo y el uso del murmullo como un dispositivo dramático central.

Destinada al público general, espacios culturales y museísticos, instituciones educativas, festivales de teatro y danza, y ciclos dedicados al arte, el género y la memoria cultural, la propuesta busca revalorizar la figura de Lola Mora desde una perspectiva contemporánea, generar reflexión sobre el lugar de las mujeres en el arte, activar la memoria cultural a través de la emoción y el cuerpo, y revisar críticamente fenómenos como la censura, la distorsión histórica y los relatos de época que marcaron la vida de una de las artistas más trascendentes del país.

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